Cristina Pérez.

Mi foto
Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

lunes, 8 de abril de 2013

El tiempo no llama dos veces, pero nos cuelga tres.


No tengo miedo, pero vivo con la inseguridad de quien sabe
que en cualquier momento se le va a caer la casa encima.
Llevo demasiados escombros destiñendo la habitación
en el ventrículo izquierdo
de las torres que has ido derrumbando
y yo sigo estando hecha una ruina,
pero ahora sé mirarte a los ojos

y no llorar.

Todavía no has aprendido a pedir perdón
y ya pides que te dé las gracias
por nadar
cuando estás con el agua por los tobillos.
De haberlo querido me hubiera hecho la viva,
como el que espera que pase el verano
para morirse en otoño;
aunque por mi estación favorita ya sólo me pasa por encima el tren,
que eres tú.

Estoy en el mismo lugar en el que aparezco
cuando no me encuentro
y te busco cada día en las hojas
podridas
de un calendario cualquiera.
Sigo hablando de amor con la boca llena
y el estómago vacío de vomitar las mariposas,
que no son más que gusanos que sedan
sin que nadie quiera.

Ahora es demasiado pronto para que se nos haga tarde.

Me voy porque puedo elegir, y elijo irme.
Me voy porque pudiendo estar contigo y sin mí,
elijo quedarme conmigo
y echarte,
aunque sea de más,
en la distancia.

Para verte por dentro sólo necesitas cerrar los ojos,
y yo llevo mucho tiempo sin poder dormir.
Podría romperte a llorar sin pronunciar palabra
y diciéndote cómo besan todas las lágrimas que he llegado a conocer,
pero ya sólo queda el tiempo para no perderlo.
Lo malo de las despedidas es que te enseñan a irte sin hacerlo,
y ya son más de las doce

y ningún beso.





Lo que te estoy intentando decir es que intentes decirme algo
que por una vez no me destruya. 
Que por una vez no lo destruya yo después.
Que tiremos al suelo la vida y le pisemos los pies a la muerte
como si en ello nos fuera la huida. 
Que bailes conmigo la última canción antes de que suene,
antes de que nos haga quedar abrazados
y ya no podamos irnos solos a tener pesadillas.
Que me conjugaste con un vino, pero ahora me voy porque puedo.





Porque te quiero.
Porque me hieres.


10 comentarios:

Kiko Sinclan dijo...

Palabras que parecen sacadas del capricho de un otoño.

Cristina. dijo...

O de la cicatriz de un invierno.

Me alegra verte por aquí. :)

Huracán. dijo...

Llevo un rato pensando qué decir, porque quiero decir algo pero no se muy bien el qué.
Precioso se le queda pequeño.

Creo que me hacía falta un texto así, algo que me arrullara como una nana, que me meciera. Y lo has hecho, ya te digo si lo has hecho. :)

Cristina. dijo...

Si me escribes así me estás abrazando.
Muchas gracias.

Mel dijo...

Deja de ser tan genial, que nos enamoramos.

Cristina. dijo...

Y empieza a dar tanto vértigo, que al final no quieres bajar.
:**

B_vilap dijo...

No se como lo haces, pero cada palabra esta puesta en el sitio perfecto para ponerme la piel de gallina.

No hay palabras.

Cristina. dijo...

Aquí tienes de sobra.
Gracias. :)

Lau dijo...

Muy chulo :)

Cristina. dijo...

Gracias. :*