Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Siempre nos llorará París.

Voy vestida con todas esas margaritas
que nadie tiene cojones a deshojar.
Me paso el día bailándote tu canción en inglés preferida delante del espejo,
cantándote por aquella vez que me pediste que lo hiciera,
sonriéndome a la cara que tengo de niña
y al corazón de cualquier primera generación.

Llevo las manos frías de no pasear de la tuya,
y los pies calientes por todas las patadas que le doy a tus motivos
y cuando no entiendo mis perdones.
Me cojo la cara para besarme ahora que las cosas se han puesto feas
y yo me veo más guapa que nunca
-cómo voy a creermelo si tú ya no me lo dices-.
Me abrazo desnuda y me beso los hombros como si fuese mi mejor amante,
sin padecerlo,
y aún así nadie me hace llorar como yo.

Qué bonito el amor propio cuando nadie te lo hace.

Me rompo los dientes cada mañana cuando me obligo a salir de debajo del edredón,
después hago la cama y friego los platos sin destrozar la vajilla,
como si así consiguiese ordenar mi vida.
Retozarme en el caos.
Sufro Síndrome de Diógenes con todos los recuerdos,
y ojalá pudiera decirte con más sinceridad que alevosía
que te voy a esperar todo el tiempo que tú tardes
en desesperarte.
Pero no abras los ojos aún.
No dispares aún.
Espérate. Espérame.
Aún estamos llegando,
aunque nos hayamos corrido sin saber hacia dónde
cientos de veces.
Espéranos.

Como si fueras a quererme toda la ira que me queda por vivir.

Entiendo por cicatrices de guerra tus besos por mi espalda;
déjame coserme las heridas descosiéndote la boca una vez más,
a golpe de rimas,
sin más dirección que la que hemos perdido.

No te asustes. Todo este miedo es mío.
Y no pienso compartirlo con nadie.

Te quiero.
Como excusa perfecta para no tener que decir ninguna más.
Te vas.
Como excusa perfecta para volver a mentirte.



Y yo me voy a quedar aquí,
quieta;
en silencio;
imaginándome tu arritmia;
esperando con las manos en los bolsillos
a que tú vuelvas,
corriendo;
dando voces;
temblando;
a cogérmelas.



2 comentarios:

Sandra dijo...

Me ha encantado :)

Julio Serralde dijo...

"déjame coserme las heridas descosiéndote la boca una vez más,
a golpe de rimas"

lo amé