Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

miércoles, 27 de marzo de 2013

No me creí tu "adiós" hasta el tercer día sin ti.
Pensaba que era otra de tus chorradas de niña pequeña,
tan inmadura como siempre y tan mujer como ninguna.
Me pasé dos días con el teléfono apagado,
esperando que al encenderlo
me hubieras llenado el buzón de lágrimas.
Y al final, resultó que el que te llenó la puerta
y la alfombra de llantos,
fui yo.

No sabía cómo aceptar que te ibas, que esta vez era de verdad.
Que nuestra historia de guardar tristezas y escupir sonrisas
se estaba acabando.
O se había acabado ya.

Te quise por encima de mis adversidades,
y por debajo de tus bragas.
No he perdido la cabeza porque nunca me la pongo cuando salgo,
y tú llegaste,
y me has partido las piernas de tanto correr delante mía,
tambaleándote como si fueras a quebrarte mientras meneas el culo
y yo sólo puedo contener la respiración.
A veces creo que sé de lo que hablo,
pero enseguida recuerdo que hablar consiste en decir algo,
y no esa mierda de soltar tonterías que hago yo,
para ver si así me escuchas.

Ahora soy yo sin ti,
y tú contigo.
Y has salido ganando, dejándome por perdido a mí.

Empiezo a echar de más las despedidas,
aunque sigo girándome cuando ando por esa plaza
por si, de repente, estuvieras detrás parada
mirando cómo me voy,
sabiendo que voy a volver.

Empiezo a echarte de menos a ti.

No te estoy esperando porque aún mantengo la calma.
Y empieza a dolerme el pecho de sujetarla.
Cuando termine este cigarro empezaré a correr
en dirección contraria a tus abismos,
a ver si de una puta vez te cruzas,
de nuevo,
y dejas que me caiga en cada uno de tus andares,
que son cada uno de los golpes que me doy contra el suelo
cuando pasas por delante de mi casa,
y haces como si no recordaras que una vez,
también,
fue la tuya.


Y es que cuando una puerta se cierra,
lo que se abre es una ventana preciosa
por la que saltar.
Y yo estoy en la cornisa sonriendo,
como aquel que baila con la muerte
para poner celosa a la vida.


Pero no me caigo bien a mí mismo, 
así que, tranquila; no me voy a tirar.




Estoy esperando a que vuelvas
y me empujes
matándote,
de una vez,
en mí.


2 comentarios:

Lucía dijo...

Alejarse de la huida sigue siendo huir, creo.

daff dijo...

Increiblee!!! Has descrito exactamente como me siento, suigue escribiendo así :)