Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Y a ti quién no te duele, amor.

Imagínate un corazón en un puño.
Un puño pequeño, sangrando..




Me ausento pensando en lo que hay de valiente en un viaje.
Devuelta a una casa que no se asemeja a ti.
Escribiendo que la diferencia entre hacer poesía
y escribirla,
es lo guapo que estás cuando no estás,
que es cuando crees que no te miro
y después de no haberte ido nunca.

Desnudarse no es quitarse la ropa, es dejar de ponerse la coraza.
Colocarse la pistola en la sien y decir:

-Apunta bien al pecho, 
y dispara cuando quieras, 
corazón.

Como si el mío echándote de menos no fuese una bomba de relojería.

Apareces manchado de sangre cada vez que te lluevo dentro de aquí,
cada vez que me rodeas con tu abrazo de fuerza
cuando no puedo dejar de temblar.

-¿Qué te duele?
-Toda esa gente.

Y te señalo a un espejo con la misma valentía
de quien se mira a los ojos mientras llora.
Con la cobardía de quien los cierra si lloran otros.

No tengo dudas sobre lo que me digo, son dardos,
pero entiendo lo que te callas.
Por eso no sé cómo contarme mientras tú acaricias mi pelo
que cuando dos cuerpos se rompen lo que suena es el recuerdo
durante
cientos
de ecos.

Como un accidente de avión, pero por dentro.
Y sin bolsas de oxígeno, que no son otra cosa que los besos
que no sedan.

Y sin embargo, no me olvido de decirte que una vez comprendí que el silencio
sin ti
seguiría siendo ruido aunque dejase de encontrarme en los lunares de tu espalda,
que son los puntos cardinales de una vida que me hace antagonista.
Y que a estas alturas,
voy a seguir diciéndotelo cuando caigamos.

Hay cicatrices que esconden mejores historias que algunos libros.
Y libros que son heridas para aquellos que no los llegan a leer.
Pero nunca fumamos suficiente los que buscamos que se esfume la distancia,
creyendo que las drogas van a matarnos antes que la vida.
Después de la muerte.

Y entre miles de kilómetros.




Imagínate un corazón en un puño pequeño,
sangrando,
y ardiendo 
con todas esas personas dentro.

Ahora abre el puño.
                                       



Sopla. 








Hace tiempo que pido deseos,
sólo para encontrar pestañas tuyas.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué don tan bello te dio Madre Naturaleza!

Julio Serralde dijo...

Seguimos soplando!!

"cuando dos cuerpos se rompen lo que suena es el recuerdo"