Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Te deseo de todo, corazón.

Lo peor no fue vuestra hostia en la rutina. Ni el odio acumulado por las promesas incompletas. Ni sus llantos a las tres de la mañana en el baño. Ni siquiera lo aburrido que comenzaba a ser el sexo. Lo peor no fue que decidiera salir de fiesta con sus amigas en lugar de cenar contigo. Lo peor tampoco fue que hacía años que no se ponía ese vestido ni la veías tan guapa. Lo peor no fue que te diera un beso triste, amargo, descafeinado y sin sal, con sabor a "te juro que no me arrepiento de lo que vaya a pasar ahí fuera". Lo peor no fue el bar que eligieron ni las cervezas que se tomó. Lo peor no fueron los cubitos ni los cubatas a los que se dejó invitar. Ni siquiera quien la invitó. Lo peor no fue la mirada con aquel del fondo a la izquierda. Ni cómo bebía y se relamía los labios sin quitarle los ojos de encima.
Provocándolo. Probándose.
Lo peor no fue que él se acercara a ella y la invitara a fumar. Lo peor no fue que ella aceptara, ni que al dejarle su mechero se rozaran las manos con intención y sin vergüenza. Lo peor no fue que él le contara su vida y ella dijese que no le gustaba hablar de la suya. Lo peor no fue la copa compartiendo la mesa del fondo a la izquierda. Ni siquiera el atrevimiento de su pie por su entrepierna. Ni la mano furiosa de él entre sus muslos. Lo peor no fue la prisa ni el coche. Ni siquiera cómo la desnudó con la mano derecha mientras conocía su cuerpo con la izquierda. Lo peor tampoco fue que tú ya no fueras a quitarle el vestido por primera vez esa noche. Ni las medias. Lo peor no fue su pecho por sus pechos y la saliva en las clavículas. Lo peor no fueron los mordiscos en la oreja y el corazón en el ombligo. Ni la paz subterránea y la guerra surrealista. Lo peor no fue la embestida, ni el gemido, ni el grito de auxilio, ni la segunda vez, ni el vaho, ni la lengua de las mariposas, ni el orgasmo, ni sus piernas por su espalda -las mismas piernas que te buscaban cada noche en la cama pidiendo calor, y tú ya no te dabas cuenta de lo frías que estaban-.
Lo peor no fue que fueran lobos, ni los aullidos, ni la mamada, ni la lágrima de sudor, ni que perdiera los pendientes, ni que ganara libertad, ni que se sintiera viva. Lo peor no fue que no respondiera a tus llamadas ni a tus mensajes, ni que apagara el móvil, ni que no se acordase de ti. Lo peor no fue que sus amigas te dijeran que no sabían dónde estaba, ni que la llevase a desayunar a su piso, ni que la cogiera de la cintura. Lo peor tampoco fue que se despidiese de él con un beso alegre, dulce, con olor a zumo de naranja, con sabor a "me has hecho ser una noche preciosa". Lo peor no iba a ser que volviera a casa por la mañana exhalando humo y vida. Ni que llevara los tacones en la mano y el abrigo sobre los hombros porque ya no tenía frío. Ni siquiera que abriese la puerta tarareando "she loves you yeah yeah yeah"; la canción que tú ya te has cansado de escuchar.

Todo esto, amigo mío, no fue lo peor.


Lo peor era que él,
ese desgraciado hijo de puta, 

le había hecho reír.






5 comentarios:

Ana Garro dijo...

Lo peor es cuando Cristina, coge bolígrafo y papel y te desnuda.

Cristina Pérez. dijo...

Y lo mejor es que tú me lees.

Gigi dijo...

Esos desgraciados hijos de puta...

Me pongo en pie para aplaudir.

Cristina Pérez. dijo...

Entonces me siento para mirarte, bonita.

Kelly Galindo dijo...

No cambiaría ni una palabra de este pedazo de perfección.
Me has dejado con una sonrisa en la mañana...