Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

lunes, 9 de junio de 2014

Otro estúpido relato más para la paz de quién.



Espero que no se me olvide nunca
que aquello que reconozco como casa,
lo seguirá siendo cuando yo no lo recuerde.


Nos quisimos ahora, pero jamás aquí o allí.

Lo hicimos en cada conjunción copulativa que nos llevaba de la mano a pesar de no ser por el mismo camino de vuelta. En todas las conjugaciones que inventaste para ambos en un intento de hacerte mío a tu antojo. Aprendimos a abrazar cuando el vértigo a soltarnos fue más grande que la vergüenza de encontrarnos desnudos en el abrazo. Quisimos no dejar de besarnos cuando nos dimos cuenta de que el olor a silencio era más grato que el tintineo del te quiero. Lamimos el techo con la furia del amante y la paz del que halla cierto gusto en la mentira. Tendimos carcajadas los días de sol con ojos que incitaban a la decepción del que ha perdido la esperanza pero no la paciencia. Nos esperamos los domingos y olvidamos por qué esa gente de ahí afuera quería acabar con ellos. Acabarse en ellos. Le pusimos tristeza al miércoles y no al lunes, y tedio a otras bocas que parecían susurrar baladas y no balas. Nunca fuimos verdad, pero sí ciertos y acertamos en huir de lo verídico. Fabricamos viajes en camas de 90 y con una manta de sofá sin necesidad de carretera para visitar otras ciudades. Discutíamos sobre miedos y rechazamos no dejarnos el corazón en el tejado. No nos echábamos de menos; sólo ganas de más encima. Y por debajo de los vestidos que soñabas con volver a ponerme dulcemente compensando tu rabia al quitármelos. Queríamos llegar al hueso y acabamos tocando fondo. Mordiéndonos los tobillos por no clavarnos los clavos. Besándonos la frente sin saber que nos estábamos condenando a vestir la corona de espinas para el resto de todas las flores que nos quedan por matar.

También te vi volar y caí. Me viste equivocarme y te confundiste conmigo. Hablé de tu nombre como si hablase del futuro y acabamos deseando el porvenir. El que más lejos nos pillaba y nunca de paso.


Ni ahora. Ni siquiera aquí o allí.





1 comentario:

RH dijo...

Me alegra haber caído aquí por azar y encontrar palabras inteligentes y preciosas que hablan de lo más verdadero que existe, los asuntos internos, los sucesos invisibles. Palabras que no parecen escritas sino dibujadas sobre una gran pared en la que se colocan las fotografías importantes de la vida.
Un placer, Cristina.