Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

viernes, 22 de agosto de 2014

Te he vuelto a escribir.

Te he vuelto a escribir, y quien dice escribir dice imaginar. Desnudo de espinas, como en aquella época en la que reías al verme llegar dando saltitos. Como cuando ambos soplamos velas y cumplimos trece años, y nuestros niños interiores andaban celosos de nosotros. Estabas guapísimo. Nunca te he visto tan guapo como en ese entonces. ¿Te acuerdas? Me enredabas el pelo para hacerme rabiar y me mordías la nariz como preludio a cualquier baile de pies o de besos. Ese sofá era el castillo de cualquier princesa que yo me negaba a ser y tú a rescatar. Nosotros preferíamos ser perros muertos de hambre para tener permiso constante al no-ayuno. Para complacer al sexo que nunca llegaba tarde y sí con flores.

Te he vuelto a escribir, y quien dice escribir dice pensar. Una vez quise hacerte literatura y acabé revolviéndote las tripas como si jugase con elásticos y no con letras. No te quejaste nunca. Ni una sola vez. Amabas el dolor que te producía mi falta de educación; el odio energúmeno de saberte mío convencida de que jamás podrías serlo. Éramos de locos; quiero decir, nuestros. De tanto en tanto me descalzabas para jugar con mi talla 37 y acababas sintiéndote hormiga con tal de hacerme a mí montaña. Me besabas dulcemente hasta hacer costra, porque aprendiste que peor que la cicatriz es querer salvarse de la herida. Más tarde lo olvidaste y es por eso que yo en estos momentos te escribo.

Y quien dice escribir, dice disimular. No te echo de menos, pero me acuerdo todas las mañanas de tus manos de cuervo. Vivían enamoradas de meterle mano a la ausencia latente de mí misma. La masturbaban hasta el orgasmo y era yo la que gemía volviendo a la vida. Como un atentado entre pecho y espalda. Después tú me observabas con los párpados como quien es cómplice del artista. Más tarde lo hacías con tus mares infinitos y a mí me daba por pensar que eran los únicos que sabían lo que miraba la muchacha de Dalí por la ventana.

Ojalá hubiese conseguido hacerte literatura y no sólo libro.

Te he vuelto a escribir. A manipular la nostalgia, el recuerdo. La desidia que me escama la piel y la cobardía. Te he vuelto a escribir y he vuelto a besarte el pelo, a olerte en las alturas de ese cielo raso en el que tú divagas. Te he vuelto a escribir para que tu arritmia siga latiendo al ritmo de mis dedos; para que mis dedos latan debido a tu taquicardia. Te he vuelto a escribir porque el crimen siempre vuelve al asesino. Para que nunca seas olvido ni cadáver ni polvo.

Te he vuelto a escribir.
Pero eres tú el que se ha manchado de sangre.



6 comentarios:

Alberto Hugo Rojas dijo...

SIMPLEMENTE HERMOSO

bé. dijo...

Me alucinas, ay ay ay.

HdeElena dijo...

Me siento tan identificada con tus palabras... Es impresionante, me has enamorado.
http://relatosdeunolvido.blogspot.com.es/

Maibaik dijo...

Yo ya no sé no escribirle.

Anónimo dijo...

Desde el dia 1, siguiendo tus pasos!!, que bonitas palabras formas..

Beatriz dijo...

Increíble