Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

lunes, 11 de agosto de 2014

Despojarse de uno mismo para besarse las rodillas.

He abandonado la pena del pez de pecera,
la lectura del espejo acusador que busca hurgar en la herida sin purgarla.
Me he creído verdugo para hacerme pasar por víctima,
he besado a las víctimas a las que manipulé para que se supiesen verdugos
y me he ido sin moverme de esta habitación gris que espera que explote
y manche sus paredes de colores.
He hablado con ojos cerrados manteniendo los míos muy abiertos
como si así todo lo que saliese por ellos debiera ser cierto
y no autoengaño.
Me he mentido encima y se han salpicado otros.
He escapado del silencio abrumador por no oír
el ruido que late en mis sienes y cuando he querido disparar,
he recordado que hace ya un tiempo que me tragué las balas
por no apuntar a mis pies.

Ahora estoy bailando. Bailo música que suena aquí dentro
y no consigo adivinar si son huesos rotos o mi niña interior aplaudiendo.
Me estoy dejando traer
con la dulzura del que se siente perdido sabiendo a dónde va
porque siempre me llevo a las espaldas.
Permito al mar que me meza y me peine el pelo
y sonrío sin la vergüenza del niño que está cambiando los dientes.
No me reconozco y me sé de memoria.
Observo fotografías propias y pongo mi dedo en mis labios.
Me noto respirar.
Miro con el orgullo de una madre a mis errores
y luzco cicatrices de mordiscos de hormigas
por el gusto de disimular que sólo la fiera ataca y es atacada por sí misma.
-Disculpa que te hable de mí-.
Es cierto que hace frío en esta mente que busca cesar el encuentro,
vaciar la pérdida;
pero no llueve allí fuera.


He escampado.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

No pidas disculpas por hablar de una de las cosas más increíbles que se ha podido crear. Tú. Tú, misma. Tu interior, y tus palabras. Porque si algún jodido día dejas de hacerlo, seré yo misma quién te dispare esas balas. Te lo aseguro.

versandoimposibles dijo...

"Ahora estoy bailando. Bailo música que suena aquí dentro
y no consigo adivinar si son huesos rotos o mi niña interior aplaudiendo."

Llevo bastante tiempo siguiéndote en Twitter y hasta ahora no había reparado en tu blog. Mejor tarde que nunca.

PD: No hay nada más valiente que ser uno mismo.

Saludos.

Marina Morell dijo...

Qué esperanzador. A veces el mejor perdón es el que nos damos nosotros mismos.

Un poema genial, Cristina.

Te mando un abrazo.

RH dijo...

Cambiamos, evolucionamos, hay una suerte de transformación mientras nos adentramos en el mar infinito. Puede que sea algo así como una metamorfosis interminable para que siempre podamos ser nosotros mismos. Y en ese proceso complejo que a veces casi ni entendemos, no podemos evitar mirarnos en el espejo y preguntarnos si somos capaces de reconocernos. A veces dudamos cuánto de irreal o verdadero hay en todo ese proceso lleno de sucesos externos e internos. Y somos capaces de pensar en las mentiras. En el sentido de las mentiras y de la ilusión. Y en si acaso esa parte de idea de nosotros mismos que somos es tan sólo una forma de pedir perdón por el simple hecho de existir.

bé. dijo...

Siempre escribes justo lo que necesito -y necesitamos- leer. Siempre me -nos- salvas.
Eres una genia.
Un beso 😄