Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

martes, 14 de febrero de 2012

"¿Alguna vez te han comido el corazón a mordiscos?".

Nunca nos llovía, y nos pasamos tanto tiempo esperando que lloviera que nos nevó el corazón. Nos parecía increíble que las mismas sábanas que nos habían visto despiojarnos los miedos ahora estuvieran más limpias y asustadas que nunca. Nos gustaba tanto hablar en sueños y soñar despiertos que no quedaba ningún recoveco de nuestro (sub)consciente por conocer. Lo mismo pasaba con nuestro cuerpo. Te conociste mis lunares a diestro y siniestro y a mí me gustaba presumir de que le había regalado besos a cada meridiano y paralelo de tu piel. El mismo bar que nos vio borrachos tantas noches se estaba muriendo del asco de ver a tantos como ellos y a ninguno como nosotros.
Siempre fuimos especiales. Siempre lo fuiste tú.
Aprendimos a volar más alto que todo ese mundo que no nos interesó jamás, pero nunca supimos cómo mantenernos en el aire juntos. Aquello se convertía en una lucha constante de valientes para ver quién llegaba más lejos y ninguno estaba dispuesto a perder. Al final uno de los dos cedía y echábamos a correr guardando las alas en los bolsillos de mi mochila mientras la sonrisa no se nos borraba de los ojos.

Nos volvía locos la locura de estarlo.

La certeza de saber que jamás seríamos cuerdos, que nunca nos pondríamos bozales.
Nos apasionaba tanto huir del paso de las horas que acabamos encerrados en un reloj de arena sin minuteros y sin salida. Empezamos a callarnos las verdades y a echarnos en cara nada más que medias mentiras que no alimentaban lo suficiente, creando dunas de recuerdos y nostalgias de lo vivido, de un pasado que nos había prometido un futuro mejor y no este presente en el que divagábamos confusos. Las ganas que días atrás nos hervían la sangre y nos calentaban las manos se nos estaban evaporando por los nudillos y ya no había forma de condensarlas. Se nos esfumaron las ansias de vida. Las ansias de nosotros.

Nos habíamos congelado. La nieve dejó su blanco y comenzó a tornarse gris y llena de pisadas cuando tú y yo dejamos de querernos para pasar a echarnos de menos a escondidas. Nos gustaba ir a contracorriente y esta vez la marea nos acabó ahogando. Dejamos enterrado el menos bajo las piedras de la orilla y empezamos a echarnos de más. Se nos olvidaron los sueños en la lavadora junto a las sábanas que se llevaron todos los olores de aquellos días claros. Nos habíamos quitado el amor de encima y estábamos acojonados, pero ya no nos hacíamos falta. Ya no nos buscábamos ni nos encontraban las copas de más en cualquier aseo de bares de esquina. Ya no nos sentíamos valientes.

Con el paso de los años la nieve acabó por derretirse.
Nos habíamos matado. Extirpado del corazón como si solo hubiéramos sido dos tumores que jugaban a enfermar. Dos títeres con los que entretener al puto destino. No quisimos sorprendernos por las calles de esa ciudad que no hacía otra cosa que hablar de nosotros a hurtadillas. Nos asustaba hallarnos en callejones infectados de aquellos besos con amor. Amor del vivo. Del nuestro.

No fuimos capaces de recordar que nunca habíamos sido como el resto.
Que nunca íbamos a serlo. Que no queríamos serlo.
Desde entonces ninguno de los dos volvió a salir a volar. Y ahora..

Ahora siempre está lloviendo,
pero no hay quien se atreva a morder corazones bajo la lluvia.





10 comentarios:

.nachobrighton dijo...

a quien no le gustaria morder corazones da igual si es con o sin lluvia! me ha encantado, muy real y muy genial sobre todo esta frase; "nos asustaba hallarnos en callejones infectados..." :)

muchas gracias por los aplausos pero me quedo mejor con el abrazo y te devuelvo otro por estas cosas que escribes que me matan siempre muchisimo.

Lau dijo...

Precioso...

Martita dijo...

Qué gusto pasar por aquí y ver entradas nuevas, como siempre increíbles.
Aunque a veces parezca que no va a parar de llover, llega un día que te despiertas y ves que sale el Sol... Eso sí, se pueden morder corazones de las dos formas:)

Fleur d'air dijo...

Un texto precioso! Me encanta :)

http://cashmereflowers.blogspot.com/

Virginia García dijo...

''Nos gustaba ir a contracorriente y esta vez la marea nos acabó ahogando.''
Genial... Es precioso el texto. Triste, pero muy bonito.

Norae Lebowski dijo...

Yo creo que es más fácil asumir que todo lo que empieza también termina y que el mundo sigue girando pese a todo (y todos).

A g r i p i n a. dijo...

y tú dices que yo escribo bien???
PERO TÚ TE HAS LEIDO TUS TEXTOS!?¿???
eres increíble, de verdad te lo digo.
me pasaría leyendo textos así y el triple de largos todo el día
eres genial
un beso!

inma ortiz dijo...

joder carinyet he acabado bebiendo lágrimas. Siempre lo son, esas historias siempre son especiales y nunca dejan de serlo, por eso duelen tanto.

antius dijo...

De verdad, genial, impresionante, no podría remarcarte un trocito, porque en general, cada línea, merece la pena.
En serio, bravo! (:
un beso, y me encanta pasarme por aquí y quedarme con el buen sabor de boca y las palabras reflejadas en los ojos, al leerte.

Anónimo dijo...

hehehehehehheh molap