Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

lunes, 28 de enero de 2013

De cuando el verbo volar se conjugaba de tu mano.


Nos conocimos cuando los días eran grises y nosotros estábamos pintados de colores. En los charcos podíamos pisar el arcoíris después de cada tormenta, y nuestra sonrisa ahí seguía. Intacta. Con el tiempo la lluvia acabó desdibujándonos, y nuestros colores se evaporaron, partiendo el "nosotros", en un tú y yo. Nos habíamos vuelto grises, mientras que los días se pintaban de colores para los demás. Poco a poco dejamos de calarnos en los charcos para comenzar a mojarnos las mejillas mezclando ron y mentiras.

Jamás una primavera había estado
tan triste como la de ese invierno.


Y nos perdimos.
Yo dentro de mí, y tú dentro de todas ellas a las que nunca les preguntaste sus nombres, porque en sus espaldas leías el mío cuando buscabas mis lunares, y temías darte cuenta de que ya no íbamos a volver a conjugarnos. Nos soñábamos por el día y nos pensábamos por la noche. Y, al final, caímos en un bucle de mensajes en borradores, de llamadas perdidas
llenas de pulgares pulsando el botón rojo antes del primer suspiro.

Y, ahora, ya ves.
Ya no soy yo quien te ríe las cosquillas,
y te besa las cicatrices de esas heridas
que previamente, alguien que no soy yo, te ha descosido.
Ya no eres tú quien me saca a bailar para pisarme los miedos.
Ni quien me hace temblar cuando me acaricia la espalda,
y me susurra entre cervezas que estoy preciosa,
cada vez que no me doy cuenta.

No he vuelto a volar.
Y no por falta de valor
-no me asusta la caída porque ya he probado el suelo-
sino porque estoy cómoda así, en el fondo de este vaso.
Engañándome, igual que tú engañas a ellas
creyendo que así no te mientes a ti.

Igual que yo le engaño a él; estoy hablando del pasado.
El mismo que me toca el pelo por las noches
antes de quedarme dormida
con la cara empapada de recuerdos.
El mismo que se mete en mis pesadillas,
y me despierta de madrugada,
sobresaltada y bañada en sudor frío,
esperando que estés en el lado izquierdo de esta cama húmeda.

Pero 
nunca
hay
nadie.



Porque ya no estás .

3 comentarios:

Nerea dijo...

Nunca hay nadie, o sí. Volverás a conjugarte, es cuestión de tiempo y lluvia.

B_vilap dijo...

Eso de volar en su espalda y dormir en sus abrazos. http://corazonescoleccionables.blogspot.com.es

sin H dijo...

Sólo puedo decir D I O S
Se que es típico e incluso inexpresivo.. Pero me ha dejado tan increíblemente descolocada y asombrada que no puedo decir más.. De verdad
Todo un placer pasarme por aquí..!