Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

martes, 13 de agosto de 2013

Pido perdón al asesino.

La alevosía de los lunes,
la venganza de los martes.
El terror de una vida de sentido
absurdo
y sin sentido contrario.
Mirarse las manos y verlas bañadas en saliva mientras tragas la sangre
de todos los golpes contra el suelo las mañanas de domingo.
La tarde de jueves.

Intentar escapar de uno mismo no es más que andar de espaldas,
a tientas de suerte,
y con un nudo en la lengua.
Y mientras tanto tararear todas esas canciones que han hablado de alguien
que hablaba de otro
que te recuerda a ti.
Así te pasas la huida y llegas a la meta con siete vidas perdidas
por intentar vivir en los tejados de una casa que ya no te abre la puerta.

Cuántas veces nos hemos mirado al espejo apretando los puños con la ira de un cobarde. Cuántos huracanes han provocado aquellos hombres que han hecho llorar tsunamis a mujeres vacías de trastornos emocionales y de paz exterior, llenas de algo indirectamente distinto a la agonía de verse solas en una inmensidad absurda de caja china. Sin desequilibrios mentales cuando se suben al bordillo de la acera,
y no saltan.

No pretendamos pedir perdón al que le pisamos los pies
porque nos ha sacado a bailar la pena
sin merecerla.

Quién iba a callarte que lo que se echa de menos es exactamente lo que no has vivido
ni en sueños,
y que sólo abrazamos de verdad cuando suena el timbre y nos esperamos a nosotros,
aunque no sea a los mismos.

Hacer el amor con la misma pasión del que sufre.
(Bastante casualidad es que para hacer daño y feliz se use el mismo verbo a pelo).
Sacarte de quicio y entrar en locura viene a ser lo mismo
que pintarte los labios de rojo
para echarte a llorar.

Pero no puedo echarte de mí, aunque sal para que cures.
Y entorna la puerta, que no se vaya a ir de donde viene el amor.

Romper espejos con la misma frialdad de quien mata un recuerdo y acuna al olvido,
mientras llora, con los ojos borrosos y la cara deshilándose,
la muerte de 158 personas en un accidente de avión.
El tiempo es un hipócrita que se masturba pensando en la distancia de las agujas del reloj. Siempre corriendo sin llegar a tocarse, incluso cuando marcan la misma hora a la que dos personas duermen y 68 sufren insomnio.

Y lo disfrutan.

De qué vamos a morir ahora que no sabemos nada.
Ahora que lo hemos desaprendido todo para intentar recordar.

Puta valentía la del que nunca tiene prisa.
La del que organiza su calendario como si fuera un médico con buena letra.
La del que no tiene miedo de perder el autobús porque sabe, que de casa a la parada, hay tres minutos de diferencia hasta que vengan a por él.
Pero nunca la preposición "para" o "con",
ni "contra",
porque va a favor del viento sin saber que si no te despeinas,
nadie va a acariciarte el pelo.

Mírate los pies.
No puedes correr, no yace suelo ni hay camino alguno que te arranque la risa.
No hay muros, hay saltos en vano que no en mano,
y así
cómo
vamos
a
poder
volar.

-¿Has probado a cerrar los ojos?
Cómo. Te. Sientes.
-Mejor que cuando me levanto, aunque últimamente ni sonrío.

Pero tú sí.

Entonces vuelvo a abrir los ojos, y las manos, y la boca del estómago.
Y me trago tu risa; el sonido que por las noches no me deja dejar de no dormir.

Quién eres.
A qué no has venido aquí.




Si pretendías buscarme deja de encontrar.
No pienso quedarme
-quieta-
en ninguna pesadilla.



9 comentarios:

Giovanni-Collazos dijo...

Muy bueno

Tania Melendez dijo...

Me fascina tu escritura!... Todas en particular!.

Mel dijo...

Y te doy las gracias. Por volver sin haberte ido.

Cristina Pérez. dijo...

Te sonrío.

Cristina Pérez. dijo...

Y yo te cojo las manos.
Porque tú también tienes un hada en tu casa.

Anónimo dijo...

Es jodidamente genial. Me encanta. Leerte es como encontrarse a uno mismo.

Cristina Pérez. dijo...

No puedes decirme algo así y yo sin saber ni un nombre.
Muchísimas gracias,
con el corazón saltando en el puño abierto.

Lucia's Box dijo...

"...si no te despeinas,
nadie va a acariciarte el pelo."

Tu manera de jugar con la palabras, darles sentidos y contraponerlas o enredarlas a tu antojo... leerte hace que mi cabeza se ponga a pensar y a dar vueltas sobre lo que transmites, y tengo ganas de escribir otra vez :)

Cristina Pérez. dijo...

Te juro que me has sacado una sonrisa enorme, incluso le he enseñado tu comentario a otra personita de la ilusión que me ha hecho que digas que tienes ganas de volver a escribir por leerme.

Muchas gracias, Lucía.
Ojalá no se quede sólo en palabras.