Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

sábado, 19 de octubre de 2013

Probablemente, tú al corazón también le duelas.

Ya sabes, toda esa complejidad de que si necesitas estar solo y un abrazo,
nunca será suficiente contigo mismo.


Llévate lo que quieras de mí, no tengo nada de valor de pecho hacia dentro. Lo he perdido todo luchando contra tu pausa asistida. Tu no sostenido. Tu silencio indeciso. He desquiciado la vida de otros para poner la tuya contra mí. Entre mi espalda y corazón. He perdido los zapatos debajo de una cama que ya no se parece en nada a la mía. He escondido los mapas donde apuntamos hasta qué límite no se podía llegar. Me he comido las uñas deseando que llegase el ayer. Te he besado los dientes implorando un mañana, intentando que entiendas que una retirada a tiempo seguirá siendo peligrosa. Me he vuelto lágrima del odio ajeno. De la cólera del día después.

He sido rota por ti
porque locas ya estaban muchas.

Te he contagiado la alegría inocente de una niña vestida de domingo.
La misma que espera ansiosa que la lleven al parque los lunes.
Te he amado como nos dijeron que no debíamos amar:
indecentemente y desnuda de flores, todos los días de tu invierno.
Te he llorado vasos de lágrimas y nunca has dejado de verlos vacíos las noches que duelen a óxido. He deseado que nunca llegara la paz mundial para que no acabara nuestra guerra de estados. Me he buscado en estaciones de tren que no llevan a ningún sitio dentro de mi cabeza, en las piernas del corazón, en cada uno de los dos pulmones que denominé incompletos, innecesarios y sumisos. He dejado de mirar por el retrovisor de mi pasado para no evitar chocar con el tuyo. Me he vuelto de todos los colores pasando por tu ahora intermitente. Me he pintado los labios para vomitarte incoherencia. Te he regalado letras y he esperado cada viernes tus flores. He ido a buscarte a todos los rincones del pensamiento. Malgastado la calma del que sabe que cuando dos lloran,
uno no podrá dejar de hacerlo nunca.

Te he ofrecido el privilegio de la duda y te lo has quedado todo; desde mi tristeza hasta tu agonía. No pretendas que una casa sin mí sea una oficina. Búscame las cosquillas. Encuentra polvo. Reviéntame la boca contra el bordillo de tu labio inferior. Hazme sangrar tu canción favorita. Desnúdame de todo este miedo y tírame del pelo como si aún me esperaras.
Como si aún quisieras hacerlo.
Como si aún me quisieras.

Haz como si no nos hubiésemos vuelto cuerdos de tanto gritar en avenidas repletas de gente y sin pudor. Sin nada a lo que agarrarnos cuando este vacío emocional nos vuelque.
Cuando no sepamos qué se hace cuando ya no queda nada más por hacer.
Cuando siempre muera alguien cada vez que comprendas que lo que no te mata,
te dolerá toda su vida.





Te dije que te llevases lo que quisieras de mí.
Y me he quedado sola.


6 comentarios:

Anna dijo...

Una vez más te felicito por llenarme de tanta paz al leerte. Eres como mi canción favorita.

Cristina Pérez. dijo...

Ojalá consiga que sigas bailando.

Little Miss Sunshine dijo...

Increíble. Eres luz, tú, y cada una de tus líneas.

http://lachicaconojosclaros.blogspot.com.es/

Cristina Pérez. dijo...

Qué decirte. Muchísimas gracias.

Julio Serralde dijo...

Leer es apuntar un arma en la sien. El último párrafo, fue el disparo

Cristina Pérez. dijo...

Que no se acaben las balas.