Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

jueves, 9 de enero de 2014

La chica triste del último asiento del autobús, sonríe.

La estoy viendo desnuda soñando con paisajes en su pelo.
Acariciándose el hombro derecho con su mano izquierda, diminuta y fría. Pensando en lo que quiso perder y lo que le hizo ganar. Preguntándose con una mueca en los ojos dónde se quedan todos esos besos que dos personas unidas más allá del sexo, un día sin más argumentos, dejan de darse.

La estoy viendo y ella no me está viendo a mí.
Está de espaldas a mi mundo, paseando descalza sobre la escarcha que encuentra al salir de su cama. Pisando los cristales que anoche no eran más que lágrimas inocentes, confusas entre el sabor a miedo y a fatiga. A la desesperación del que quiere vivirlo todo y nunca encuentra la salida de emergencia.

La estoy viendo y sé que es ella porque se ríe.
Ausente y risueña tararea al último de la fila. Baila sola en la cocina mientras se calienta el café y la habitación se llena de color a otoño. Se mira en el reflejo del microondas y se acuerda de las luces de neón que hay en esos bares donde nunca ha perdido lo que no quería encontrar y que sólo existen en las películas que no ve con nadie.

La veo parpadear y asiento,
hace tiempo que se quedó a oscuras pero no deja de brillar;
incandescente.
-Ardo-.
Aparta su mirada de sí misma, y oscila entre el sentimiento de culpa y la apatía.
Se recoge los mechones del pelo en un intento de organizar su mente
y acaba en el suelo mirando al techo como implorando besos y no nubes,
notando el frío de la losa en la espalda mientras imagina el ruido de cien cascadas
en sus dedos.

-Donde esté una mirada que grita que se quiten todos los besos que callan -susurro.

Parece que me oye y se levanta frágil y delicada,
como si no fuera a romperse.
Como si no lo estuviera.
Como si acaso lo hubiese estado alguna vez.
Me busca por la cocina con el ceño fruncido hasta que desiste
y se abalanza sobre el olor a café.
No puedo evitar sonreír cuando la veo relamiéndose los labios de la misma manera que no quiero evitar excitarme cuando se hace el amor como nunca nada le ha temido.
Como yo nunca la he llegado a tener.
-Cordero vestido de perra que busca la guerra interior-.

Suelta una carcajada al igual que un niño rompe a llorar cuando se escapa su globo de helio. Vuelve a tararear una vieja canción para sentirse viuda de su persona. Se suelta el pelo y se dirige a la ventana.

-Hace un día estupendo para arrojarse al olvido,
para sangrar la vida ajena.

Piensa y reacciona, pero vuelve a caer
y esta vez le dejo que se proyecte en mis ojos.
Y yo miro
         y tiemblo.




16 comentarios:

Eme dijo...

"Donde esté una mirada que grita que se quiten todos los besos que callan"
Siempre me dejas un rato pensando cuando te leo.
Y eso es bonito.

Cristina Pérez. dijo...

Justamente esa frase la escribí hace 4 años, y el otro día la vi dando saltos en un texto ya muerto. Es bonito rescatar cosas de los incendios.

Y tú, incluso cuando no estás pensando.

bé. dijo...

Eres ese texto que nunca, nunca quieres dejar de leer.
Me parece increíble cómo has escrito, como escribes, la verdad.
Un beso.

Cristina Pérez dijo...

Menos mal que tú por aquí desde hace tanto tiempo para poder leerte.
Para querer que me leas.
Muchas gracias. Que sean dos besos y un baile.

Anónimo dijo...

Y no se, creo que he encontrado paz al leerte. La manera en la que escribes es realmente increíble. Cada una de tus líneas, la manera en la que juegas con las palabras es algo maravilloso. Encontré un amor, aquí, con cada uno de tus escritos. Cada uno de los que he leído me han dejado algo, de verdad.

Cristina Pérez. dijo...

No sé de dónde has salido, pero quédate cerca. Por favor.
Muchísimas gracias. O bueno, mejor; muchos muchos abrazos.

Anónimo dijo...

Siempre te leeré.

Anónimo dijo...

Escribes increíblemente perfecto. Y eso dice que eres increíblemente perfecta. Ningún texto tuyo tiene fallo, y sentirme identificada en cada uno de ellos es una de las cosas que más me llenan. No dejes nunca de hacerlo, no dejes nunca de escribir, por favor.

Fdo: Una muy seguidora tuya del Sur de España.

Cristina Pérez. dijo...

Ni llego ni me acerco al metro sesenta, pero me hacéis acojonantemente grande.
No sé qué puedo decirte para estar a la altura, supongo que pedirte que no te vayas es una posible respuesta.

Muchas gracias de las que se regalan en lugar de darse.
Del Sur tenías que ser. ♥

Anónimo dijo...

No me iré nunca, seguro :) siempre y cuando tú no dejes de escribir.
Besos y abrazos a ti también. Y de los que también son un regalo.
Eres super.

Anónimo dijo...

Tengo ganas de leerte siempre y me devuelves las de escribir. Gracias.

Marian Gaban dijo...

Es la primera vez que te leo y te aseguro que no será la ultima. Simplemente increíble, escalofriante. Has puesto palabras a mis sentimientos. Que importante y hermoso es una mirada a tiempo, verdad?
Un saludo!!

Cristina Pérez. dijo...

Os estáis pasando de bonitos y de guapos.
Las gracias son para ti por leer y por esto que has dicho. Muchas.

Cristina Pérez. dijo...

A tiempo y también fuera de él. Aunque tengamos que girarnos.
Muchas gracias, bonita.

Anónimo dijo...

Y me parece mentira que sin conocerte de nada puedas llegar tan dentro de mi. Gracias por cada una de tus palabras, gracias hasta por todos tus puntos y comas, gracias, por que tu poesia me acompaña siempre que siento que el mundo me extermina por dentro.
Nunca dejes de escribir por favor, hay locos solitarios y miedicas que te necesitamos.

Cristina Pérez. dijo...

Si seguís diciéndome estas cosas voy a dejar de escribir porque me estoy quedando sin palabras.
Gracias a ti de vuelta. Todas son tuyas. Por pasar, por leer y por la sonrisa que me quedo.