Cristina Pérez.

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Más que pájaros, tengo un campo de minas en la cabeza.

jueves, 21 de abril de 2016

Volvió a ser abril y Nahuel ha traído sus colores. #AMediaDos

El chico que escuchaba sus canciones con la rabia del padre
que defiende frente a otros padres a su hijo,
orgulloso de no haberle arrebatado las plumas a sus pájaros,
ya no habla de soledad.
A veces lamenta con una sonrisa quizás en reconstrucción,
tal vez rota,
mas aún dulce
que los años le obliguen a crecer;
a hacer de la ausencia una costumbre,
de la pérdida un estado de ánimo,
de las despedidas otro defecto más a las espaldas.

Pero ya no está solo.

Y yo, que no busco que mis ojos le acompañen
porque no soy más que una letra de su olvido inconsciente
que no existe aunque esté viva en su pasado
recuerdo con una sonrisa algo restaurada,
menos rota,
mas más amarga
su abrazo a la vieja tristeza de mi pecho;
aquel guardar en sus huellas dactilares mis lágrimas.
Y me pregunto por qué ahora en esta herida
que supuró gracias a saber huir del tiempo
-a tiempo-
le echo, humana, terriblemente en falta.

Está aquí.
La chica que me robaba los silencios
por no robarme el corazón.

La guerrera que pintaba (lluvia) en la (sol)edad
y sonrisas en las calles
mientras yo me preguntaba
a dónde llegaríamos
a escribir(nos) los posibles

futuros.

Aquella que dejó de verme
por no volarnos en pedazos.

Ella…
No está sola.

Porque aunque haya heridas
que no consigamos cerrar ni por asomo
consigamos volver a vernos
en papel
o en pasados.

Porque a veces
y solo a veces
ella y yo
es decir yo
nos volvemos uno
para escribir
a(media)dos.


2 comentarios:

Lucía V. dijo...

Hacer de la ausencia una costumbre. Quizá sea lo que más me ha movido los cimientos. Genial!!!

Claudia dijo...

Me ha parecido genial, de verdad. No sé si he entendido el final o lo he querido interpretar como me ha parecido, pero me quedo con el final! :D